martes, 31 de enero de 2012

Ante todo, OR-GA-NI-ZA-CIÓN

Está bien decirlo e incluso proponérselo... Otro asunto es que después las cosas salgan según lo planeado. La tarde del viernes, papá y mamá dedican un rato a preparar la agenda de la semana que viene: reuniones, entregas, llamadas, gestiones, impuestos, citas médicas, cumples, tutorías... Muchas veces, algunas de estas obligaciones ―las que no son urgentes ni inamovibles― acaban deslizándose a la página de la semana siguiente y de la siguiente y de la siguiente y así no es de extrañar que parte de la ropa de verano siga en el armario, que la mecedora naranja siga sin tapizar o que la bugaboo siga montada y muerta de risa en una esquina del despacho. Otras veces, la fecha límite de las tareas inapelables se acerca peligrosamente y, si no se han hecho los deberes, entonces toca trabajar noches y fines de semana... Porque en la vida hay imprevistos y los planes se descabalan y el día SOLO tiene 24 horas y las niñas nos ponemos malas y hay que ir a Hacienda porque «menudo lío tengo» y hoy mamá tiene jaqueca y se rompe el servidor de R y el proyecto programado no llega y el cliente lo quiere para antes y mil cosas más. Así que, aunque después no siempre prediquen con el ejemplo, papá y mamá piensan que es mejor hacer las cosas hoy, mientras se pueda, porque nunca se sabe lo que pasará mañana y «luego vendrán las madres mías». ¿No os encanta esta expresión?


Y mientras mamá organiza su tiempo y el nuestro con un cafelito y la pluma de los Reyes Magos, nosotras la acompañamos pintando tranquilas... Elenita también pinta pero ¿sabéis qué pasa? Pues que lo que más le gusta del mundo es «coletar» (recortar) y hacer millones de papelitos y claro, así es imposible conservar ninguna de sus creaciones.



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