martes, 29 de noviembre de 2011

La ratona Tica

Entre cuentos de verdad y cuentos de memoria, cuentos de dibujos, cuentos en inglés y cuentos soñados, seguimos divirtiéndonos inventando nuestros propios cuentos; algunos ―los más― son tan disparatados que seríamos incapaces de repetirlos... Ni siquiera podríamos reproducirlos con un 10% de precisión... Otros los contamos una y otra vez y, cada una de esas veces, nos creemos genuinamiente que es la primera y nos sorprendemos de nuestra asombrosa agilidad inventiva. A veces, sobre todo durante los viajes largos en coche, jugamos a que papá y mamá nos digan tres palabras con las que tenemos que hacer un cuento; por ejemplo, «tenéis que contarnos un cuento en el que haya una rana, un pintalabios y un cohete» (les encanta ponernos las cosas difíciles). Si estamos inspiradas, se nos ocurren historias muy divertidas y enseguida montamos a la rana en el cohete para que vaya a pintarle los labios a la luna antes de que se haga de noche; otras veces, en cuanto nos hemos inclinado por la opción más obvia (es decir, cuando la rana ya se ha pintado los labios), simplemente no sabemos qué hacer con el dichoso cohete.

En el cuento de hoy, queríamos hacer un homenaje a algunas amigas de la guarde de las que todavía nos acordamos mucho... ¡Quién lo diría! Tan «jóvenes» y ya hemos dejado amistades por el camino... Además ―después de haber visto con sus propios ojos a algunos bebés manejando el iPhone mejor que el chupete―, a mamá le preocupa un poco nuestro grado de ignorancia en materia de nuevas tecnologías; por eso, para hacer este cuento hemos tenido que sentarnos delante del ordenador, mover el ratón, grabar nuestra voz y oírla después... Hemos necesitado la ayuda de mamá, claro, pero ya vamos entendiendo algunos conceptos y descubriendo todo lo que se puede hacer con esta maquinita mágica.


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