lunes, 31 de enero de 2011

Aguinaldo y cotillón

Como este año no pasamos la Nochebuena en Madrid, el tradicional aguinaldo se pospuso hasta Nochevieja. Según las normas no escritas de esta tradición Catena, pueden pedir el aguinaldo todos los que AÚN reciban paga de sus padres, aunque tengan 26 años. Como es costumbre, los niños nos sentamos en el suelo, frente al árbol, y cantamos todos los villancicos que nos sabemos... y los que no nos sabemos. Este año, como todos éramos pequeños ―los primos mayores no estaban―, existía el riesgo de que alguno de nosotros no llegara despierto al aguinaldo, de manera que cantamos antes de que los mayores cenaran y ¡menudo acierto! Pudieron cenar tranquilos mientras nosotros nos entreteníamos con todas las sorpresas «llovidas del cielo» porque, este año, como no había primos mayores tampoco ha habido dinero sino pegatinas, lápices de colores, maracas y mil cosas mucho más interesantes que un puñado de monedas sucias que, además, podían tragarse los más pequeños.


Y después, las uvas, los brindis y la fiesta pagana... Qué bien nos lo pasamos... Nos dieron las mil y monas y, a algunos mayores ―los de siempre―, ¡las seis y pico de la mañana!



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