jueves, 21 de octubre de 2010

Todas somos princesas

Ya sé que llevamos casi una semana calladitas pero es que no nos hemos librado del ataque inclemente de ese virus estomacal que desembarcó en La Coruña hace unos días y campa a sus anchas por la ciudad... Papá es el único que ha sabido esquivarlo, porque papá es más alto y lo ve venir de lejos... De todos modos, tampoco hay grandes novedades... Mamá no ha hecho fotos y nosotras ―por eso de estar algo pachuchas― tampoco hemos hecho nada gracioso, ni divertido, ni digno de reflejar aquí...


Así que hemos pensado hablar sobre un libro/cuento que nos encanta: Princesas olvidadas o desconocidas. No es un cuento para leer seguido... es más bien para hojear... una y otra vez. Ahora hacia adelante... Después hacia atrás... Las princesas reunidas en este álbum son las que no caben en el álbum de las princesas de siempre, las que todos conocemos... Y precisamente por eso estas princesas desconocidas nos gustan mucho más: porque no las conocemos, porque no salen en la tele, porque no han vendido sus derechos de imagen para verse al día siguiente estampadas en lapiceros, bolsitos, braguitas, paraguas... porque son las princesas reales... como nosotras.


Durante estos últimos años, cada vez que mamá ha mirado el libro nos ha encontrado parecidos con una princesa o con otra... No ha tenido más remedio que llegar a una conclusión: nuestra personalidad es la suma de un poquitín de cada una de ellas...

De bebés, éramos clavaditas a Blandina, cuya máxima en la vida es «dormire bunus est»; ahora, cada vez nos parecemos más a Farragosa, que «charla como una cotorra, es difícil seguirla, no para, habla de lo que sea, mucho blablablá, mucha verborrea»; las dos tenemos mucho de Caprichosa que, «mimada con frecuencia, no duda en exigir lo imposible: nieve en pleno verano, sombra en el desierto, arándanos en enero». Elenita se parece a la torpe Katapum que, además de ser torpe, «pasa enfurruñada una parte del día y el resto lo emplea en idear planes para escaparse». Yo me parezco a Deletrea de Eritrea, que «sueña con días divididos en capítulos a los que ella podría poner título». ¿A cuál os parecéis más vosotras?

A mamá le parece un libro que consigue inevitablemente que cualquiera que lo lea se sienta una princesa... [mmm, ¿los niños también?]. Un regalo estupendo para cualquier princesa [grande o pequeña] de vuestra vida que, por lo que sea, haya olvidado que nació princesa y necesite que alguien se lo recuerde.

Y ya os hablaremos de otros libros de Philippe Lechermeier que también tenemos y que nos gustan igual o incluso más.

2 comentarios:

  1. Primero, que os mejoréis. Segundo, ¿ese libro es uno que es enorme? Me suena haberlo visto pero, como yo tengo niño en vez de niña, ya fui a buscar otros. Por lo que decís, parece muy chulo, lo miraré para mi sobrina.

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  2. Gracias, Marta.
    Sí, es un álbum ilustrado de gran formato, aunque hace ya un tiempito que también lo venden pequeño... A mí me gusta más el grande, porque las ilustraciones son preciosas y verlas pequeñas no es lo mismo.
    Besos

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