lunes, 25 de octubre de 2010

«Pero ¿qué ven mis ojos?»

Esto es lo que pensó mamá cuando, extrañada de que no hubiéramos entrado en el despacho durante la última media hora, vino a ver qué pasaba y se encontró con que celebrábamos ―en un silencio inusitado― una merienda improvisada a la que habíamos invitado a todos los muñecos de la casa.

En casa de los abuelos Pepe y Lola han vivido dos perros: Póker, que durante 18 años fue el perrito faldero de la abuela Lola, y Pizco, que lleva casi doce años persiguiendo al abuelo Pepe allá donde va. Nuestro perro Chimo no es el perrito faldero de nadie... él va por libre... Así que, a falta de perrito faldero, hemos decidido ser «niñas falderas» de mamá y «niñas pantaloneras» de papá. No podemos hacer nada solas. Papá, quiero pintar. «Vale, Lola, pero a mí no me apetece pintar, ¿eh?». Ah, pues entonces me miras [y no haces otra cosa que mirarme]. Mamá, quiero hacer plasti. «Vale, Lola, pero ahora tengo cosas que hacer y no puedo hacer plasti contigo, ¿vale?». Pues entonces no quiero... Y así con todo. Mamá se pregunta qué puede hacer ella para conseguir que nos entretengamos solas un rato... sin pelearnos. Su objetivo no es nada ambicioso: quiere poder entrar en el baño, por ejemplo, sin tenernos a las dos ahí, muy sentaditas y atentas.

1 comentario:

  1. genial!!! genial!!! la vajilla del te para las muñecas tambien las tenemos en casa,
    ja,ja

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