martes, 28 de septiembre de 2010

DULCE LOLA


Un día de este verano, en San Vicente, mamá y yo bajábamos las escaleras de «la casa blanca». La casa blanca es la casa de los abuelos Manolo y Elena en verano y nunca me refiero a ella como la casa de los abuelos ni nada por el estilo... Es LA CASA BLANCA y punto. En fin, que alguna vecina de la casa blanca debía de estar haciendo un flan riquito porque, mientras bajábamos, mamá dijo: «Mmm... huele a caramelo». Yo me paré en el rellano, olisqueé el aire durante un rato y dije muy seria (casi preocupada): «Mamá, seguro que tienes un caramelo dentro de la nariz porque yo no huelo nada».

Por cierto, las violetas son el caramelo favorito de mamá... Los venden en todas partes pero, si os gustan mucho, las auténticas son madrileñas y las venden en La violeta, una bombonería diminuta en la plaza de Canalejas, al ladito de la Puerta del Sol... Cuenta la leyenda que Alfonso XIII ya las compraba allí para regalárselas a sus amantes...




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