martes, 29 de junio de 2010

La tortuga María

El viernes, al caer la noche, justo después de acostarnos, sonó el timbre de casa. Al abrir la puerta, mamá se encontró, sentadita en el felpudo, a la tortuga María... La pobre no sabía cómo había llegado hasta ahí y estaba agotada. Era la primera vez que mamá veía una tortuga... ¡fuera de su caparazón! Al principio, la tortuga María no podía ni hablar... le faltaba el aire. Con la lengua fuera, se abanicaba sin parar con su gorrita. Ese día había sido el más caluroso de todo el año... Mamá la invitó a entrar y le ofreció una CocaCola bien fresquita... La tortuga María se la bebió de un trago. Así fue ganando confianza y, en un abrir y cerrar de ojos, estaba dándose un bañito de espuma en mi concha jabonera. Mientras mamá le frotaba la espalda, la tortuga María no paraba de hablar... Le contó a mamá que su casa era demasiado calurosa... «tenía que haber aprovechado esa oferta de aire acondicionado en el mes de marzo...»; que, con todos los objetos acumulados a lo largo de los años (y las tortugas viven muchos años), la casa pesaba un quintal... «y eso que el armario de caoba de la bisabuela ya está a buen recaudo en un guardamuebles y la bañera de mármol en venta en eBay...».


Esta historia increíble nos contó mamá cuando nos levantamos el sábado y nos encontramos una tortuga «deshabillée» en mitad de la mesa del salón... No nos lo podíamos creer... y, al final, nos lo creímos.




Mamá siempre ha creído que este tipo de historias contribuye a fomentar el desarrollo de nuestra imaginación. Pero esta vez, al ver que me lo había creído por completo --demostrando mi fe ciega en todo lo que mamá dice-- y que se lo contaba a todo el mundo como si de verdad hubiera pasado, a mamá le dio un poco de apuro («no vaya a ser que desarrolle la imaginación en exceso y empiece a tener amigos imaginarios») y me contó un secreto: la tortuga María no era de verdad, no había bebido CocaCola ni se había bañado en la jabonera. Yo me reí mucho y fui corriendo a decirles a papá y a Elenita: «Mamá nos gastó una broma a todos; ¡la tortuga María es de plasti!».

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