martes, 9 de febrero de 2010

Nunca es tarde...
si la dicha es buena

Aunque, pensándolo bien, la dicha siempre es buena, ¿no?

En cualquier caso, que aquí estamos, con mes y medio de retraso, para contaros la segunda mitad de las vacaciones de Navidad. Pasamos la Nochevieja y el día de año nuevo en casa de los abuelos Elena y Manolo. Lo pasamos fenomenal.

::Bailamos::

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::Comimos las doce* uvas::

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* Bueno, doce no. Los graciosos de papá y mamá pensaron que no sería capaz de comerme las doce, así que me pusieron en un platito seis mitades peladitas y sin pipos... A la séptima campanada, como era de esperar, se me terminaron y empecé a llorar. Fijaos bien en el vídeo... Todos se dan cuenta pero ninguno me cede ni una de sus uvas... no vaya a ser que el año de mala suerte sea para ellos... No hay derecho. El año que viene ¡las quiero todas! Hombre, por favor. Por cierto... como siempre, los «Bomber» casi llegamos tarde...

::Tuvimos cotillón::

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Y conseguí que el matasuegras sonara, que es dificilísimo.

Esa noche Elenita y yo nos quedábamos a dormir en casa de los abuelos... Papá y mamá iban a salir un ratito a brindar por el año nuevo con los amigos... De manera que, en cuanto nos vieron dar tumbos de cansancio por el pasillo, papá y mamá volaron.


¿A brindar con los amigos? Pues mucho brindaron porque les dieron las ocho y pico de la mañana... Si es que... Eso sí, al día siguiente, ahí estuvieron puntuales para celebrar San Manuel.


Hemos cambiado la última foto porque dicen algunos qu e la que habíamos puesto DABA MIEDO. No hay ninguna en la que salgan normales...

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