miércoles, 2 de diciembre de 2009

Mamá y la Navidad

El año pasado, mamá por fin entró en razón y se convenció de que no puede comprar año tras otro adornos de Navidad en cantidades industriales, como si cada año fuera el primero. Le hemos dicho que como no tenemos el árbol del Rockefeller Center (ni el espacio, eso es más que obvio), si sigue comprando bolitas el abeto plastiquero-aunque-muy-aparente podría hacer un agujero en el suelo y todos nosotros, incluido el árbol con las mil bolas, tendríamos que pasar la Navidad en casa del vecino de abajo (que no creemos que quiera otro árbol y una familia completa sentadita a su mesa en Nochebuena). Primero se resistió y dijo que su intención no era cargar el árbol hasta los topes... Ella se inclinaba más por sustituir unos adornos por otros... Pero, mamá, eso tampoco se puede (si la dejáramos, renovaría el salón cada seis meses).

En fin, que las Navidades pasadas decidió, a regañadientes, que cada año tendríamos tres únicos adornos nuevos; dos de ellos serían idénticos (y ella misma los personalizaría para Elenita y para mí) y el tercero... ¡sería el que más le gustara del árbol de la tía Laura! (mamá siempre ha sido un poco ladronzuela... aunque supongo que ya lo sabéis todos los que escondéis las cositas que pueden gustarle cuando va de visita...). Tengo que decir que el año pasado «robó» el adorno con el permiso de la tía Laura, las cosas como son. Y se portó bien, porque se habría llevado tres o cuatro (los adornos de la tía Laura son chulísimos).

Nuestros adornitos de este año son éstos. Ha bordado nuestras iniciales y el año. Igual que en los del año pasado. Tía Laura, prepárate que ahí llega mamá...

Mmm... El espíritu navideño empieza a inundar esta casa... A ver si este puente ponemos el arbolito y el belén...

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