miércoles, 18 de noviembre de 2009

El tamaño de las cosas

Mamá siempre ha tenido curiosidad por saber cómo nos imaginamos los niños algunas cosas... cómo las archivamos en nuestra cabecita. Se pregunta cómo de grande creemos que son esas cosas que vemos en un cuento, por ejemplo, pero que nunca hemos visto en la realidad. «Un elefante se balanceaba sobre la tela de una araña...». Que hayamos visto alguna vez una araña es mucho más probable que que hayamos visto un elefante, ¿verdad? Entonces, ¿nos imginamos que el elefante es tan pequeño como para balancearse en la tela de una araña y no caerse? De ser así (que no digo que lo sea), mamá dice que puede hacerse una idea de la tremenda sorpresa que nos damos al ver un elefante por primera vez en vivo y en directo, por ejemplo, en el zoo. Tiene que ser toda una impresión... A mamá le gusta pensar que esto es así, que nos quedan millones de cosas por descubrir y redescubrir más tarde, y que la vida nos sorprende a cada paso...

En fin, que después de estas dos semanas de setas por doquier, mamá me ha contado que en realidad no son del tamaño de un roble y que, salvo las venenosísimas, normalmente no tienen tantos colores. Tampoco tienen puerta. Para que lo viera con mis propios ojos, me enseñó unas cuantas setas de verdad que crecían justo a la puerta del cole... Pues menuda decepción... Lo único que pregunté fue: «¿se pueden pisar?».



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