miércoles, 20 de mayo de 2009

¡A volar, paloma!

Durante la semana anterior a irnos de vacaciones, mamá y papá no dejaron de repetirme que íbamos a ir a la playa en avión. Pues bien, creo que tanto entusiasmo anticipado fue un tremendo error. Cuando llegó el día y vinieron a buscarme al cole, estaba tan nerviosa que hice cosas que ya no suelo hacer... Sólo os diré, pero así, en voz muy bajita, que tuvieron que tirar la braguita a una papelera... Lo del aeropuerto fue todo un número. Cuando llegamos nos reunimos con los que serían nuestros compañeros de viaje durante toda la semana: Jaime+María+Cristina y Paco+Belén+Belencita. Cristina es una bebé bendita, incluso más buena que Elena, y Belén es un poco mayor que yo. La cosa prometía... Y no tardamos mucho en ponernos manos a la obra. En el control de policía del aeropuerto había mucha gente y los mayores, esperando nuestro turno, empezaron a organizar en los cestitos esos de plástico las mil cosas que llevaban. «¿Llevan ustedes algún líquido?». «Un bibe de agua y un potito». Pues, hala, todo fuera. Mamá, que a veces se ahoga en un vaso de agua, ya empezaba a estar nerviosita... Entonces, sin mediar palabra, Belén y yo nos dimos la mano y CRUZAMOS EL ARCO DE SEGURIDAD CORRIENDO MUERTAS DE LA RISA. Los mayores no podían correr detrás de nosotras porque había otra gente y los policías, muuuuy enfadados, no les dejaron pasar. Y nosotras seguíamos corriendo. A mamá casi le da algo. Mira que si nos llevan a la cárcel...

En fin, ya embarcados empezó a NO hacerme tanta gracia todo eso del avión y de ver las montañas pequeñitas así que empecé a llorar y a gritar: «¡No quiero volar, NO QUIERO VOLAR!». Creo que la gente se reía y todo.


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