martes, 14 de abril de 2009

Mañana de sábado

El viernes por la noche, cuando ya estábamos durmiendo, papá salió un rato con sus amigos. Como llegó un poco tarde, dejamos que durmiera un poquito más por la mañana. Yo me desperté temprano y se me ocurrió que a lo mejor podría bajarme yo sola de la cama así que allá que fui y ¡bien, prueba conseguida! De repente me vi de pie en el suelo. ¡Menudo descubrimiento! Y menudo susto se dieron papá y mamá cuando aparecí al lado de su cama diciendo «quiero pintar». Era lo último que podían imaginarse. Dice mamá que si se me ocurre tocarla en ese momento, ya sí que se muere de verdad. Mamá se levantó a pintar conmigo y, poco después, Elenita se unió a nosotras. Pintamos con todos los lápices y ceras que encontramos por casa... Y estampamos animalitos de todos los tamaños que después coloreamos.

Después desayunamos las tres juntitas... Un desayuno de lo más frugal: un bibe para cada niña y un cafetón para mamá. Pusimos tres galletas, por si acaso, pero las tres volvieron tal cual a la lata. La verdad es que hemos salido a mamá y ninguna de nosotras tiene mucho apetito por la mañana, recién levantada.

Papá se levantó más tarde, con hambre de lobo feroz y cara de no haber dormido nada porque «algo le sentó mal»...

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