viernes, 27 de marzo de 2009

Una decisión importante

Un día cualquiera no hace mucho tiempo, papá y mamá se pusieron a pensar:

Con dos años y pico, ya empieza a ser hora de que Lola pase de la cuna a la cama.

Elenita ya casi no cabe en la minicuna y, por eso, ya no es que sea hora... es que Lola tenía que haber pasado a la cama ayer.

Además, todavía no tenemos una habitación como Dios manda así que empieza a ser urgente decidir qué cama comprar.

Con toda esta urgencia y teniendo en cuenta que es una habitación pequeña con una columna en medio y con dos únicas paredes (las otras dos están ocupadas por la galería en un lado y por el armario y la puerta en el otro), las opciones que se barajaban eran tres:

  1. Dos camitas cameras de toda la vida, separadas por una mesilla de noche. Opción descartada porque así no cabría nada más en nuestra habitación y, además de no volver a tener ningún juguete nuevo, tendríamos que regalar los que ya tenemos y nos convertiríamos en mujeres raras que no han tenido juguetes ni infancia. No, gracias, eso no lo queremos.
  2. Unas literas. Opción descartada porque son muy incómodas de hacer y a mamá le da miedo que nos despeñemos en mitad de la noche. No, gracias, iba a haber peleas por ver quién duerme arriba.
  3. Una cama nido. Opción descartada porque a mamá, además de parecerle un rollo andar subiendo y bajando la cama todos los días, le dan miedo esas patas que salen medio disparadas y pueden pillarte la mano. No, gracias, dice mamá que recuerda perfectamente el ruido de los muelles de las patas y el miedo que le daba a ella de pequeña.

Con las tres únicas opciones barajables descartadas, ¿qué nos quedaba? Pues no mucho más. Finalmente hemos comprado una cama que no es ni nido ni litera sino una mezcla de las dos cosas. Es una cama nido en la que la cama de abajo ya sale con las patas subidas y la de arriba, lógicamente, está más alta de lo normal.

La cama llegó ayer y, en cuanto me fui al cole, Elenita aprovechó para elegir primera. Gritó «Me pido la de arriba» y allí se quedó sentada, para que nadie se la quitara. No me importa por ahora... hasta que Elena tenga edad para dormir en la cama a lo mejor hasta se le olvida... Además, por el momento yo voy a dormir en la de abajo porque dice mamá que de noche me muevo mucho y no queremos tener un disgusto.

¡ME PIDO LA DE ARRIBA!

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