martes, 3 de marzo de 2009

Entroido 2009: sábado

El sábado de carnaval también fue un día muy intenso, aunque sin disfraz. Fuimos a comer una laconada con los abuelos Manolo y Elena. En carnaval se come laconada (con grelos a tutiplén porque es la temporada buena), filloas (ñam) y orejas (que es otro postre que mamá no come porque tiene nombre de parte del cuerpo, como brazo de gitano, hueso de santo o cabello de ángel). Mamá está loca. Amaneció otro día precioso y más caluroso que el anterior así que aprovechamos que los abuelos vinieron prontito para bajar todos al parque. Pero todos, todos: abuelos, papás, niñas y perro. Y ¡menudo susto! Os lo voy a contar tal como se lo he contado a todo el que ha querido escucharme: «y... y... vino un perro giante y... y... se comió a Chimo y... y... papá se ensadó mucho con el señó». ¿Me habéis entendido? Pues sí, vino un perrón cruce de Bóxer y búfalo, creo, y le dio un viaje al pobre Chimo —que se había acercado a darle los buenos días— que casi nos quedamos sin él. Pobre. Papá se enfadó mucho con el dueño, que era un poco tonto. Pero bueno, que todo se quedó en un susto y cuando llevamos a Chimo al médico dijo que estaba bien. Hasta que pasó todo esto, fue una mañana perfecta.

Elenita se tomó un bibe al sol
ay, Chimo, la que se te viene encima...

¡corre abuelo!
Chimo y los palos

cucú

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