domingo, 10 de febrero de 2008

No sin mis rizos

El otro día a mamá se le ocurrió la feliz idea de llevarme a la peluquería a cortarme el pelo por primera vez. ¿Cómo? Pero, ¿a quién se le ocurre? No me avisó, por si acaso, y yo no sospeché nada. Llegamos a un sitio que olía un poco raro y una señora me puso una especie de delantal lleno de cabezas de Papá pitufo alrededor del cuello. Ahí empecé a mosquearme. Entonces me sentaron en una montaña de toallas y otra señora se acercó a mí con unas tijeras en la mano. ¡Quería dejarme sin rizos! Empecé a llorar pero no sirvió de mucho. ¡Zas! Flequillo fuera. No podía consentirlo así que lloré y lloré hasta que vomité todo el biberón del desayuno. No se salvó ni un Papá pitufo. Entonces mamá dijo: «Mejor lo dejamos para otro día, ¿no?» y la señora de las tijeras dijo: «Sí, mejor, mejor». Entonces respiré aliviada. Mamá me cogió en brazos y desde la puerta me despedí de las dos señoras sonriendo mucho.

JAJAJAJA

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